Sebastián Battaglia, Cinco de Oro!

Entrevista | Revista “El Gráfico”  – Octubre 2010

Símbolo de Boca por más de una década, cumplió 300 partidos en Primera y es el máximo ganador del club junto a Guillermo Barros Schelotto.

boca juniors

D3A529603.jpgEN SU CASA, el medio de la Bombonera. Atrás, la bandeja “Natalio Pescia”, otro emblema.

 

LA BOMBONERA hechiza sin discriminar.

A jugadores, periodistas, futbolistas de Aruba y también al que regó con sudor 300 veces la azul y oro.

La Bombonera fascina. Latiendo un domingo. O vacía un martes al mediodía.

Sebastián Alejandro Battaglia se acerca a paso lento, con los botines sujetados por dos dedos, el pantaloncito, las medias y la camiseta-homenaje en la otra mano, y luego de hacer una parada obligatoria para cambiarse sobre unas butacas que apenas si conoce, las de un sector llamado “banco de suplentes”, se detiene en el living de su casa, donde te podrá dejar pasar a saludarlo pero donde jamás te invitará con un café. El círculo central del templo boquense.

“¡Qué paz, no se puede creer! Si supieran cómo se siente cuando empieza a gritar la gente, es tremendo!”, comenta, conservando la frescura de un novato, denotando que aún no perdió su capacidad de asombro, y mientras se acomoda sobre la pelota para la foto de tapa no deja de mirar hacia las tribunas, girando una y otra vez la cabeza, como cuando en los partidos debe decidir por qué sector conviene continuar la jugada.

El tiempo no pasa para Battaglia. Uno puede tomar su foto del día en que García Cambón lo hizo debutar en la primera el 31 de mayo de 1998 o de aquella otra noche en que habilitó a Palermo para que convirtiera su cinematográfico gol a River por la Copa del 2000; la de la tarde del 2003 en que se despidió del club en andas antes de viajar al Villarreal o la de aquel gol de cabeza a River en 2008 tras centro de Riquelme, uno puede ver todas esas fotos y Battaglia está igual. Con el mismo corte de pelo, el mismo largo de pelo, el mismo rostro que invita a imaginar a un hombre bueno y a un hombre hosco en partes iguales. Cuesta descubrirle las emociones a Don Battaglia, este veterano de 29 años, 16 títulos en Boca (récord compartido con Guillermo Barros Schelotto), 300 partidos, 4 goles a River, que gozó tantas buenas y padeció tantas malas también. Cuesta encontrarle la sonrisa generosa, la bronca intensa, las pasiones extremas, la respuesta periodística que salga del medio tono previsible. Cuesta.
-Unos cuantos me han dicho esto de que no expreso los sentimientos. Mis viejos, mi señora, la psicóloga… Me aconsejan que trate de expresar un poco más las cosas, porque todo al final termina yendo por dentro, como que no se nota nada por afuera, ya sea una alegría o una tristeza, y eso no es bueno. Pero me emociono, eh, no creas. Si ves el programa que hacía antes Fantino en ESPN, a los dos segundos ya estaba llorando. Debo haber batido todos los récords…

-¿No sos frío, entonces?
-No, parece que lo soy, pero no. Fui al psicólogo un par de veces y enseguida me sacaron la ficha, se dieron cuenta al toque de cómo soy. Después, pienso que en la vida hay que tener un equilibrio. Cuando salís campeón, lo festejás hasta el cansancio porque no sabés si vas a volver a ganar un título, y está bien que sea así, pero no hay que creérsela. Del mismo modo también traté de afrontar las situaciones difíciles lo más tranquilo posible. Sobre todo en las lesiones que sufrí, que fueron unas cuantas y largas, siempre intenté mirar hacia adelante y no quedarme pensando en por qué me pasaban estas cosas a mí.

AHI ESTA. A confesión de parte, relevo de prueba, dirían los juristas. El equilibrista. Así se ve él mismo y así lo bautizó el Coco Basile en su primer ciclo en el club. No fue ninguna genialidad, claro. Su rol en el campo de juego salta a la vista: es el dueño de los relevos, el encargado de desbaratar esas contras letales que toman al equipo mal parado, el que recupera más que nadie, el pistón que hace el trabajo sucio y aparece en primer plano justamente cuando no está.

Afuera, también ejecuta el mismo papel. En la hoguera de vanidades entre palermistas y riquelmistas, con soldados que supieron encolumnarse fielmente en cada ejército, a Battaglia jamás se le escuchó una palabra ni un gesto fuera de lugar. Aun en los momentos más calientes de esa disputa, el equilibrista supo mantenerse a distancia. De eso también hablará en la nota, pero mejor empezar por el principio, por aquel Chinito de 15 años que dejó el Barrio Transporte, en Santa Fe, con la idea fija de ser futbolista profesional.

-Ibas a San Lorenzo y terminaste en Boca…
-Yo había venido a probarme a San Lorenzo, me vio Roberto Mariani y quedé pero faltaba que me dieran la pensión, porque mi papá no podía bancarme. Mientras esperaba que se resolviera eso, se armaron unos partidos en Santa Fe con mi equipo, Ciclón Racing, y allí estuvieron Griffa y Regenhardt. Yo sabía que estaban ellos y jugué con la ilusión de que me ficharan, porque lo de San Lorenzo no se definía. Jugué un solo partido, terminó, y me hablaron para decirme que había quedado. Me dieron fecha para venir a Boca y quedarme en La Candela, que era la pensión entonces.

-No era un lugar muy cautivante…
-Era raro, aparte yo era un pibe y no conocía a nadie. No hacíamos casi nada en La Candela: nos entrenábamos, nos quedábamos ahí y el paseo era hacer las cuatro cuadras hasta el Carrefour para tomar un helado y dar una vuelta. Habrán sido 2 o 3 meses. La zona era medio complicada, pero jamás me bajoneé ni pensé en volverme, porque siempre supe que quería ser jugador profesional. Extrañás, pero al mismo tiempo vas conociendo a otros que están en la misma que vos, y vas compartiendo los mismos sentimientos. Me ayudó mucho también que estuviera Regenhardt, entonces el viernes a la tarde nos íbamos a pasar el fin de semana a Santa Fe, por lo menos hasta que empezó el campeonato. También me ayudó mucho que siempre me ponían en mi división, porque si no jugás quizás empiezan las dudas y el bajón. Yo quería llegar a la Primera, y aunque estaba en Boca y sabía que era difícil, ya estaba el proyecto de promover chicos de las Inferiores.

-¿En Casa Amarilla estuviste más cómodo?
-Pará, mientras se construía Casa Amarilla, vivimos un año en Parque Sarmiento. Dormíamos en un gimnasio, un pabellón con camas cuchetas, una al lado de la otra, tipo la colimba. Seríamos unos 60 chicos. Digamos que teníamos un buen jardín de atrás, el Parque. Ahí los fines de semana se llenaba de gente, ya el tema tenía otro color. Los baños eran en los vestuarios, los teníamos a media cuadra. A la noche, con el frío, se complicaba un poco ir al baño, pero igual nos trataban muy bien, incluso los profes vivían con nosotros. Estaban Civarelli, Altieri, Fabián Bazán…

-Después, sí, Casa Amarilla, que habrá sido como un hotel cinco estrellas, ¿no?

-Sí, Casa Amarilla era la gloria, era impresionante (risas), habitaciones de a cuatro, separados, nada que ver. Ahí estaba un día cuando vino García Cambón a avisarme que tenía que concentrarme con la Primera, porque le habían dado vacaciones a varios profesionales y podía llegar a jugar. No me lo olvido más.

-Jugaste unos minutos ese día, pero al poco tiempo te fuiste a Badajoz.
-Sí, había llegado Bianchi, jugaba Serna de titular, Alfredo Berti estaba recuperándose y entonces Carlos me aconsejó que fuera a ganar experiencia. “Andá a jugar en una Segunda de España, que acá vas a estar estancado en la Reserva”, me dijo, entonces me cedieron sin cargo y sin opción. Pero allá fue todo al revés: el técnico me dijo que no iba a jugar porque era muy joven. Estuve un mes y volví a comienzos del 99. Le expliqué la situación a Bianchi y le dije que quería pelearla acá. Al final, en ese Clausura terminé jugando los últimos 4 partidos. Y arranqué. Lo que no me voy a olvidar es la Navidad del 98 que pasé en España, la Navidad más triste de mi vida. Estaba con Eduardo Magnín y el venezolano Rojas Méndez, los tres en un hotel, solos, porque en España no es como acá que se tiran fuegos artificiales. Era un pueblo chiquito, brindamos a las 12, llamamos a Buenos Aires para saludar, que eran cinco horas más temprano y listo, nos fuimos a dormir.

-¿Con Bianchi nunca hablaron de sus pasados en común como canillitas?
-Sí, sí, por ahí pasaba y me decía “¿Canillita bueno como yo?”, o nos felicitábamos el día del canillita. Estaba en todos los detalles. Igual, el padre de Carlos tenía un puesto y él salía a vender a la calle o por los colectivos, mientras que mi viejo tenía un recorrido en bicicleta. Nosotros íbamos a buscar El Litoral a un depósito, esperábamos con otro montón de personas que llegara el camión y los repartíamos casa por casa. Teníamos un par de bicicletas con el canastito adelante y a pedalear. Lo habré hecho durante dos años.

-¿Por eso corrés tanto? Tenés una buena base de pibe…
-No sé, puede ser.

-Bueno, lo cierto es que con Colón llegaste a 300 partidos dando bastante ventaja.
-Sí, la verdad es que si no hubiese tenido tantas lesiones largas, estaríamos hablando de un poco más (N. de la R.: 114 más, según nuestras estimaciones, y estaría a 12 del récord). Mouzo todavía está lejos, pero siempre en la vida hay que ponerse objetivos, y este puede ser uno para superar. Llegar a esta cantidad de partidos, igual, es terrible. Nunca me imaginé poder alcanzarlos, si bien venís acá con la ilusión de ser jugador profesional, lo demás se va dando, no se puede proyectar.

-¿Qué lesión fue la más difícil?
-Todas tuvieron su grado de complicación y se terminaron haciendo más largas de lo previsto. No es como un desgarro, que sabés que a los 30 días estás para volver. Son lesiones que no sabés cómo evolucionan, para qué lado van, pero lógicamente las rodillas fueron más complicadas que las del pubis o la tendinitis (ver recuadro).

-¿Con cuál te bajoneaste más?
-Con la última, sin duda, porque sentía que era cuando más posibilidades tenía de luchar por un lugar en el Mundial. Quedar afuera por lesión te duele más que quedar afuera porque el técnico prefiere a otro, no te da ni la posibilidad de pelear. Y sentía que estaba en la edad justa, Diego me había convocado en varias ocasiones, estaba todo dado…

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CONCENTRACION absoluta. Sebastián faltó todo el Clausura 10 y el equipo lo sintió mucho.

-¿Qué sentías con esta última osteocondritis, cuál era el problema?
-Se me formaba líquido y el dolor me impedía jugar. A esta altura, hay dolores que uno conoce y con los que puede convivir mientras juega pero hay otros que no, y si se te forma líquido, eso indica que algo no funciona bien.

-¿Pensaste en tirar la toalla, alguna vez?
-Nunca, la verdad es que nunca se me pasó por la cabeza largar. Como te decía antes, siempre me manejé con equilibrio y en todos los casos me propuse trabajar para recuperarme, nunca me cansé de esa búsqueda.

-¿Nunca explotaste de bronca porque te tocara siempre a vos?
-Obviamente hay días y días, y a veces te da mucha bronca. Sufrí varias lesiones, y largas, pero no me puedo quejar de mi carrera, que me dio demasiado.

-¿No tenés miedo a lesionarte otra vez?
-Es que en la cancha sólo me rompí los cruzados contra Independiente, lo demás se dio por desgaste de partidos, de tiempo. Nunca me puse a pensar si es por la función que cumplo en el campo o no, sí tengo claro que siempre traté de dejar todo, nunca pienso en que por ahí me puedo lesionar por correr más o menos en un partido; si correr es lo que me gusta y es lo mío, no ando midiendo poner más o menos. Yo tuve el desgaste de cartílago en las dos rodillas, se ve que tengo tendencia a hacer eso, pero hoy me siento recuperado y miro para adelante.

-¿Te dan tarea para el hogar?
-Para el hogar, no; en el mismo club. Todos los días hago un trabajo específico antes de empezar a entrenarme. Será media hora, 40 minutos, lo hago con los demás operados que están ahí. Son ejercicios de gimnasio, de kinesiología y después de corrección de la carrera. En Boca, los kinesiólogos te hacen estudios durante la carrera, te filman, y te van corrigiendo defectos. Eso te ayuda a mejorar la fuerza de cada pierna, la forma de correr, a tener más coordinación y estar equilibrado.

-¿Todos los días llegás antes que el resto?
-Y… es mi trabajo también.

SU TRABAJO. El profesionalismo de Don Battaglia es conmovedor. Jamás se entregó ni bajó la cabeza. No en vano fue el primero de los “históricos” a quien los dirigentes le renovaron el contrato en junio de este año, cuando aún era una incógnita cómo volvería de su última lesión. “Estuvo a punto de irse a jugar a Estados Unidos –explica Martín Guastadisegno, representante de Battaglia desde hace 6 años-, esta vez iba a aceptar la propuesta pero se quedó en Boca porque el club se portó muy bien con él y terminó firmando por tres años el mejor contrato de su carrera”. Y agrega que rechazó más de 10 ofertas de los mercados más importantes en estos últimos 4 años. Lógico: competir con Boca no es sencillo. Sebastián lo sabe bien: en 2004 se marchó a Villarreal y regresó un año y medio después.

-Palermo suma goles, vos sumás títulos, ¿con cuántos te conformás?

-(Piensa)… Y, por como viene la mano, con uno más. Hoy se hace difícil ser campeón.

-¿Mantenés contacto con Guillermo?

-Hablé un par de veces desde que está afuera, hace poco me llamó y charlamos. También habla mucho con Martín y nos mandamos saludos por él.

-¿Te pidió que no lo pasaras con los títulos?
-No, no (risas), no hablamos del tema. Ya se imaginaba, por mi edad y porque él se fue, que podría pasarlo. Por ahora estamos iguales, yo voy a luchar por pasarlo, está claro que es por el bien de Boca.

-Sebastián, ¿sos de gritar en la cancha?
-Ordeno, hablo un poco, pero no soy de gritar. Hay muchachos que se enojan y tienen ese carácter, yo nunca he entrado gritando a un vestuario.

-¿Te considerás un jugador de perfil bajo?
-Sí.

-¿Nunca te interesó cambiarlo?
-Para nada.

-¿No te da envida que otros tengan mayor reconocimiento?

-Si bien hay jugadores que son más… marketineros, por llamarlos de alguna forma, a mí nunca me molestó, yo me siento cómodo así.

-Siempre se dijo que tenés cara de chico bueno, ¿sos tan bueno como indica tu cara?
-Creo que sí, nunca me peleé con nadie, esa es la realidad. Algunos dicen también que tengo cara de malo, y no se animan a acercarse; y cuando lo hacen y te conocen más a fondo, se relajan. Mucha gente con la que me he cruzado me dice que al principio no me quiere hablar porque cree que estoy enojado, pero nada que ver, no soy así.

-¿Coincidís con la definición de equilibrista que te había puesto Basile?
-Me gustó, en ese momento mi función era la de un ocho mentiroso, atento a si subía Ibarra o si salía Gago para meterme atrás.

-Sos equilibrista adentro y afuera. En las internas entre Riquelme y Palermo, vos estuviste al margen, equidistante…
-No soy de andar metiéndome en problemas, nunca los tuve con nadie, nunca me peleé con nadie, y me llevo bastante bien con todos. En su momento habló mucha gente, incluso algunos que ya no están en el club. Yo creo que son cosas que le hacen mal a la institución, no le sirven a nadie y termina perjudicando a todos, porque además en su momento todos tiramos para adelante para que le fuera bien a Boca.

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SENTADO en la entrada del túnel que comunica con el vestuario local. Lleva 10 años jugando en Boca y firmó contrato hasta mediados de 2013.

-¿Qué le pasó a Boca en estos casi dos años, que desbarrancó inesperadamente?
-Creo que son momentos de los equipos, momentos de las instituciones. Boca vivió una etapa gloriosa durante 10 años, que es un montón de tiempo. Si ya es difícil conseguir algo así, ¡imaginate mantenerlo en el tiempo! La gente por ahí pensó que los éxitos eran para siempre y eso no existe, les pasó a todos los equipos del mundo. Por eso digo que son momentos, ciclos que se terminan, grupos que se desarman, vienen otros jugadores y hay que rearmarse. La parte dirigencial también se desarmó, fue todo un conjunto, pero lo importante acá es ver qué se hizo cuando los resultados se daban, para tratar de igualarlo.

-¿Te gustaría ver a River en la B o preferís que se quede?
-A los hinchas les gustaría ver a River en la B.

-¿Y al jugador?
-Por supuesto que si no salimos campeones nosotros, que sea cualquiera menos River, pero verlo en la B no me quita el sueño, no pienso que descienda a morir; miro más lo que podamos hacer nosotros.

-No me contestaste qué preferís.
-Preferiría ver a un Boca campeón; después, que River haga lo que quiera.

Las lesiones
1-Rodilla derecha. Se los rompe al girar, solo, el 6/12/2000, contra Independiente en Avellaneda (0-3), al regreso de Japón, donde había sido titular ante el Real Madrid por la Intercontinental. Vuelve a los 172 días, pero al poco tiempo se desgarra el isquiotibial de la misma pierna en una práctica. En 2001 juega sólo 10 partidos de los 59 que disputa Boca. Se pierde 49 (entre ellos la final con el Bayern Munich).

2-Regresa de España (2005) y se opera por osteocondritis (desgaste de cartílago) en la rodilla derecha, pero los problemas surgen después. Sufre pubalgia a comienzos del 2006. Para 3 meses y se pierde el Mundial (había jugado en el cierre de las Eliminatorias con Pekerman). Suma una tendinitis en el talón de Aquiles por correr mal y cuidar el pubis. Ni aparece con La Volpe. Juega 7 partidos en el año sobre 42 de Boca. Se pierde 35.

3-Ahora, rodilla izquierda. Juega Eliminatorias con Maradona, para en noviembre del 2009 e intenta evitar el quirófano para ir al Mundial. Lo operan en enero del 2010 y no juega ni un minuto del Clausura. En total disputa 10 partidos de los 40 de Boca en la temporada. De no ser por las tres lesiones citadas, hubiera sumado 114 presencias más y estaría a sólo 12

de Roberto Mouzo, el hombre con mayor cantidad de partidos en la historia del club.
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