Tito Pompei. One hit Wonder en Oviedo

Este texto está extraído del libro ‘Un derbi solidario 2’, en el que 50 periodistas  aportamos 50 relatos sobre el Real Oviedo y el Sporting de Gijón

Desde que se inventaron las listas de éxitos como herramienta de marketing existe el concepto ‘one hit wonder’. Artistas que llegaron, besaron el santo y desaparecieron dejando como único legado el eco de un petardazo. El arquetipo lo han ido dibujando desde el inicio una legión de nulidades musicales pero ojo, no hablamos aquí solo de necios iluminados por la casualidad. Maravillas de un solo día las parieron también genios que merecieron mejor suerte. Así recuerdo yo la época del Tito Pompei en el Oviedo. El argentino fue un hitazo que el fútbol acabó difuminando en fade out demasiado pronto. Terminaba octubre del 97 y en la radio atronaban los Hanson pero en el Tartiere nos entregábamos a la musicalidad de una zurda impagable. No me cuesta ponerle banda sonora a algunos recuerdos.

Los golazos al Mérida y al Zaragoza

Si la carrera de los EMF puede resumirse el riff irresistible que hizo de ‘Unbelievable’ uno de los mayores éxitos de un solo día de la historia de la música, lo mismo puede decirse de la del Tito en camiseta azul con sus dos primeros partidos. Ahí se arremangó, empuñó la guitarra y cascó un estribillo para la eternidad. Recuerdo que cuando Pompei debutó contra el Mérida hubo que tomar medidas. Después de aquel partido decidimos, mis colegas y yo, que aquel argentino todo pecho palomo y zurda necesitaba rápidamente otro apodo. Lo del Tito lo traía de fábrica y molaba pero no bastaba, no después de aquel golazo. Le comenzamos a llamar “la crema” y así quedó hasta que tres años después desapareciera sin dejar rastro. Roberto Fabián el Tito la Crema Pompei; más largo que un trote suya por la banda pero ajustado a la dimensión de su talento. Lo que pasó aquel día lo contó con una gracia rara en él José Manuel Rad, en el resumen de TVE. Al borde del descanso se juntó la Estepa con la Pampa, comentó Rad. Onopko le devolvió una pared preciosa a Pompei aunque con un pase bombeado, el Tito lo amortiguó con el pecho y con un academicismo insuperable lo colocó en la escuadra izquierda que defendía el Mono Navarro Montoya. Tú y yo lo supimos, lo primero que escuchamos del Tito iba a valer por todo lo demás. Iba a ser tres, dos o uno.

Luego pasó lo que pasó en La Romareda. Recuerdo que aquel día el Kily González nos empató el partido jugando con el Zaragoza al hombro pese a que ellos habían quedado con diez por expulsión de Pier tras agredir al Tito, que estaba en todas las pomadas, pero fue lo de menos. El primer gol nuestro fue antológico. Un taconazo del Juanchi González lo hizo bueno Pompei golpeando con violencia la pelota hacia la escuadra derecha de Otto Konrad, aquel austriaco al que le tiraron un petardo en San Mamés. El segundo fue al revés, a balón parado y con suavidad. Cuando aquel tiro encontró la escuadra maña nos dimos cuenta de que el 12 era un jugadorazo. Teníamos al hombre que había marcado de una tacada los tres mejores goles del año en la Liga de las Estrellas. Unbelievable.

Pompei tenía un único problema y es que a menudo se le ensanchaba la camiseta a la altura de la barriga, pero mientras estuvo en forma fue un jugador espectacular y tremendamente influyente. Cualquier entrenador veía oro en aquella zurda clínica porque ofrecía soluciones sencillas a los problemas que planteaba el partido. En el Oviedo eran pases medidos a la cabeza de Dely Valdés pero en equipos de mayor nivel como Boca Juniors no era distinto. Hay una anécdota con Carlos Bilardo que deja a las claras el peso del Tito. Boca acaba de renovar la plantilla completamente y pese a contar con talentos como el Kily González, Rambert o Latorre en el once no terminaba de encontrar su juego lo que provocaba los sofocos de Bilardo cada tarde en el banquillo xeneize. En esas situaciones solía tirar indefectiblemente de Pompei para solucionar las dificultades. En casi todos los encuentros de Boca, Bilardo se desgañitaba a gritarle consignas como si el Tito fuera el único capaz de resolverle la papeleta. Dicen que un día, el Narigón no paraba de abroncarle para marcarle una jugada y no se había dado cuenta de que ya lo había sacado y estaba junto a él en el banquillo…

Aquel derbi, aquel Sporting

‘Don’t Worry, be happy’, ‘Walking on Sushine’ y lo que haga falta. Los silbidos de Bobby McFerrin, Katrina & the Waves y la temporada en la que el Sporting bajó con trece puntos en la mochila son cosas que pasan una vez en la vida. Cualquier oviedista recuerda el 97-98 como un curso de diversión pura y dura. Pompei contribuyó decisivamente a la fiesta, principalmente en El Molinón. Empezamos perdiendo aquello porque Bango decidió marcar un golazo desde la frontal con su clase habitual. Por juego tuvimos que haber perdido en Gijón aquel día pero Juanchi batió a Ablanedo en un barullo y entre Esteban y el árbitro llegamos al final con opciones de ganar. Entonces decidió la clase del Tito, dejando solo a Dely Valdés después de aprovechar con picardía un error garrafal de Bango y sortear la entrada de Sergio. “Le das la vuelta al Marca y Sporting campeón”, se cantaba en la grada; el Tito participó de aquello y solo por eso merece pasar a la historia.

Contra el Barcelona y el Madrid

‘U can’t touch this’ Como el rap aberrante y ultramachacón de MC Hammer, el Oviedo en época de Pompei era de mírame y no me toques contra los grandes. Al Tito lo recuerdo rompiéndola contra el Barcelona y el Madrid, especialmente contra los catalanes. Eran años en los que el equipo se crecía en este tipo de envites y el argentino siempre daba la cara. En su primer año ganamos 1-0 al Barcelona con gol de Pompei desde el punto de penalti. ¿Por qué no? titulaba la hoja azul el día en que Eugenio Prieto cortó la retransmisión del ‘pay per view’ a mitad de partido denuenciando incumplimiento de contrato. 35.000 abonados, que habían pagado sus 990 pesetas de rigor se quedaron sin ver la victoria del Oviedo y el tanto del Tito. “Hay dos bares a cincuenta metros del campo en los que ven el partido. Tenemos a un guarda jurado allí que nos va informando”, explicó Juan Mesa, gerente del club y encargado aquel día del desalojo audiovisual, al término del choque. El Oviedo mojándole la oreja a los campeones y los clubes cantándole las cuarenta a las televisiones. Definitivamente, era otro fútbol.

Ese mismo año recuerdo un gran partido suyo contra el Madrid, arropando a Paulo Bento y asistiendo a Juanchi en el empate, y más adelante, también contra los blancos una exhibición en el Bernabéu frente al Madrid de Toshack. Aquel día acabamos empatando y pudimos golear. En los estertores de la etapa oviedista de Pompei llegó también aquel 3-0 al Barcelona de Van Gaal con gol suyo y dos de Dely Valdés, baile a la defensa blaugrana incluido.

Pienso en Pompei como en EMF, McFerrin, Katrina o MC Hammer, maravillas de un día que jamás encontraron continuidad. La música del Tito cesó en 2000 cuando los rumores de salida a otros equipos, Nantes, Marsella, que le acompañaron desde su llegada acabaron por cuajar. El Oviedo decidió malvenderlo a Estudiantes de la Plata justo cuando Radomir Antic comenzaba a perpetrar con los Martinovic, Ivo o Tomic el inolvidable equipo que nos devolvió a Segunda División y abrió la puerta a los barrizales en los que llevamos mil temporadas resbalando. Se fue el Tito, dejó de sonar aquella zurda ‘one hit wonder’ y todo nos cambió para siempre.

El Tito Pompei, one hit wonder