La Ex- Ciudad Deportiva de Boca Juniors

CIUDAD DEPORTIVA DE BOCA JUNIORS

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La Ciudad Deportiva de Boca Juniors fue un complejo deportivo inaugurado en 1975 por Alberto J. Armando, entonces presidente del Club Atlético Boca Juniors.

Historia

A principios de 1965 el gobierno democrático del Dr. Illia con su vicepresidente Carlos Perette (boquense de ley) le otorgó a Boca Juniors un sector en el Río de La Plata, adyacente a la Costanera Sur, para que mediante relleno se construya una Ciudad Deportiva de 40 hectáreas. El pujante y por momentos delirante presidente boquense, Alberto J. Armando, definió el proyecto con una frase: Fe y Trabajo.
El Puma declaraba que cuando el primer camión volcó su contenido de tierra y escombros siendo éstos devorados por el río, los presentes lo miraron con cara de “…Armando está loco…”, pero la obra comenzó a crecer con prisa y sin pausa acompañada por el éxito deportivo a nivel local del equipo de fútbol. Estudiosos en el tema hoy en día, afirman que el proyecto fue una viveza en la que se usó a Boca como entidad civil para obtener costosos terrenos y construir allí un suntuoso barrio. Cosa que mirando hoy en día, reafirmaría esa teoría.
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La ciudad sale a flote – Nota de la Revista Siete Días 03 de enero de 1967
Primero pareció una idea descabellada e irrealizable. Era en 1962, pero el germen de la iniciativa venía de antes: tenía ya casi 20 años. Nació en 1947, cuando Alfredo López, presidente de Boca Juniors, solicitó a la Municipalidad nuevas tierras para que su club pudiera emprender una expansión social. Pero la tentativa no prosperó. A partir de allí, los sucesivos trámites iniciados por Boca Juniors —1952: compra del ex Parque Romano, 1954: intentos por lograr el área de Casa Amarilla—, tampoco consiguieron sacar al club de su clásica y estrecha residencia: “La Bombonera”. Ante las reiteradas dificultades, sólo quedaba una alternativa: emigrar en busca de otros terrenos más amplios, aunque completamente alejados del lugar donde nació la institución. Una noche de 1962, y casi accidentalmente, el desaparecido ingeniero José Luis Del Pini, que paseaba por la costanera sur en compañía del presidente de Boca Juniors, lanzó una idea aventurada: esas 40 hectáreas de agua que se agitaban junto a la costa, podrían ser la base de la futura ciudad que Boca pugnaba por construir. Y lo fueron. La mediación del ex diputado Reynaldo Elena logró poco más tarde que el Congreso Nacional sancionara la ley que otorgaba al Club Atlético Boca Juniors un trozo del Río de la Plata, comprendido entre la calle Humberto I, la Avenida Costanera y la línea de la ribera.
Boca Juniors había llegado a los umbrales de la aventura, pero carecía de los medios económicos para emprenderla. Es en ese momento, cuando el apoyo de sus socios, simpatizantes y aficionados al deporte en general, se manifiesta con una intensidad abrumadora: entre febrero de 1965 y noviembre de 1966, los Títulos Propatrimoniales lanzados para financiar las obras suministran a Boca 2.500 millones de pesos. “La respuesta del público fue increíble —confiesa Alberto J. Armando—. Y lo increíble reside en que nuestra gente, que en materia deportiva ha sido defraudada tantas veces, haya respondido con una confianza absoluta. Curiosamente —afirma—, hemos logrado más repercusión que la que oportunamente tuvo el Empréstito Patriótico de 1961.”
Actualmente, a casi un año del instante en que el primer camión volcó material sobre el río, 70.000 camiones han transportado más de 300.000 metros cúbicos de tierra, rellenando y comenzando a definir, en parte, los límites de la futura ciudad.
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El fin de la aventura
“Una vez terminada, será algo así como Venecia en la Argentina”, asegura el doctor Mateo Pagés, de la Comisión de Obras de Boca Juniors. La ambiciosa comparación estriba en que se ha planeado levantar 11 islas, con canales de navegación intermedios para embarcaciones deportivas. Para llevar a cabo dichos planes, ya se han cercado más de 30 hectáreas de tierra. El volumen de hormigón armado empleado para montar el “table-estacado”, que sirve como muro de contención —de haberse construido hacia arriba—, hubiera permitido erigir en 10 meses, una torre de 500 metros de altura, con 678 departamentos para 3.500 personas. Pero esta costa artificial se construyó hacia abajo, a 5 metros debajo del lecho del río y a 3 de la superficie, sobre la que se acaba de inaugurar un moderno sistema de iluminación que prolongará el muro castanero, introduciéndolo 2.200 metros dentro del río. Casi simultáneamente, una de las islas estará totalmente parquizada y pavimentada, con 3.000 árboles, un morro de 9 meces caminos interiores y una fuente.
“Para fines de 1967, la Ciudad Deportiva será una nítida y asombrosa realidad, asegura el ingeniero Miguel Conté, técnico que llevó a cabo una obra similar al levantar el vecino edificio de SEGBA en tierras ganadas al río, y actualmente director de las obras de Boca Juniors.
Para ese entonces, un gran estadio que albergará 140.000 personas sentadas y un microestadio, con capacidad para 30.000 espectadores, serán el campo de acción de la hinchada más estridente y popular del mundo. Pero el fútbol no será la exclusiva actividad que se desarrolle. “Boca ha emprendido esta obra, para dejar de ser solamente un gran club de fútbol, y transformarse en una institución sociodeportiva de envergadura”, afirma Armando. Con esta finalidad, un amarradero para 500 embarcaciones, campos abiertos para cada tipo de deporte, una torre de 160 metros de altura con comedor giratorio, salones y stands de exposiciones, confiterías, capilla y un vestuario para 7.200 personas, serán distribuidos en las 11 islas de la dudad. Simultáneamente, un servicio de colectivos propio permitirá el rápido desplazamiento interno. Por otra parte, y considerando la importante movilidad humana que se generará hacia esa zona de la Capital, la Municipalidad deberá encarar algunas obras demoradas, como la ampliación de la Avenida Madero y la terminación de la Autopista, que a través del Puente Madero, une la Capital a la ciudad de La Plata. La trascendencia de la obra se observa en un detalle: hay más de 50 pedidos de líneas de colectivos para llegar a la ciudad.
Para fines de 1967, Boca Juniors se convertirá no sólo en el club con mayor número de socios —200.000— de todo el mundo (cada título representa la cuota de ingreso a la institución), sino también el más adinerado: la construcción de te Ciudad Deportiva, teniendo en cuenta el terreno ganado al río y su posterior valorización, capitalizarán a Boca en 13.000 millones de pesos. “No por eso —afirma Armando— despojaremos a River Plate de apodo “millonarios”. ¡En absoluto. Simbólicamente, ellos seguirán siéndolo. Nosotros, en cambio, adoptaremos el más humilde de “italianos enriquecidos”.
Mientras las obras planeadas avanzaron un ritmo acelerado, una posibilidad más es barajada por los dirigentes boquenses. De llegarse a un acuerdo con YPF, la mayor embarcación nacional, actualmente afectada a dicha flota, sería adquirida por Boca Juniors —200 millones de pesos aproximadamente— para transformar sus máquinas en el grupo electrógeno que proveerá de luz a la ciudad —10.000 kilovatios—, y convertir sus instalaciones en un exclusivo hotel flotante para deportistas.
1967 puede ser el año clave, no sólo para Boca Juniors, sino también para los restantes clubes de fútbol latinoamericanos. Las fuertes recaudaciones que día a día produce el fútbol pueden volver, es obras a la comunidad que lo promueve y financia. Si el estímulo que representa la Ciudad Deportiva se multiplica a través de las muchas entidades nacionales, un mayor ámbito deportivo puede suplir, en parte, el déficit, que a nivel popular, manifiesta el país. Todas las posibilidades estriban en que las restantes instituciones deportivas argentinas aprovechen la experiencia, que la Ciudad Deportiva active la fibra más fecunda de todo club: volcarse hacia la comunidad.
Lo que no se decía al principio, comenzó a gestarse en el tiempo. Mientras avanzaba el relleno y la construcción de la confiteria con pileta, canchas de tenis, piletas de natación, canchas de todos los deportes, anfiteatro, fuentes ornamentales, autocine, parque de diversiones, sectores de recreación y camping, el presidente se envalentonaba y anunciaba la construcción de una torre gigante con confitería giratoria en la cumbre (creo que es la que finalmente se instaló en el Parque de la Ciudad) y un gran estadio para 150.000 personas en la isla 7 que sería inaugurado el 25 de mayo de 1975 a las 11 horas.
Para financiar la obra se vendían bonos o títulos pro-patrimoniales que daban categoría de Socio Patrimonial para el uso de las instalaciones.
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Grandes Sueños de un presidente 
El presidente mientras tanto hacía anuncios a veces estrafalarios como que se iba a colocar la bandera de Boca en la Luna o que recorrería en persona los días de partido las tribunas sociales vendiendo artículos y chucherías xeneizes para recaudar fondos. Cuando Argentina fue designada organizadora del Mundial 78 dijo que el gran estadio iba a ser la sede principal.
Una de las empresas constructoras se llamaba Christiani & Nielsen y financiaba también el Banco Holandés Unido del cual Armando era mandatario.
El decreto original aclaraba que si no se completaban las obras todo pasaba a poder de la Municipalidad de Buenos Aires.
Los éxitos deportivos locales seguían y el otro sueño de Armando, la Libertadores que afianzaría al club a nivel mundial, no se concretaba. Mientras tanto, todo lo que no era el estadio se iba completando y funcionaba a pleno. En 1970 un militar fanático y entusiasta de Boca, Alejandro Lanusse, asumió el gobierno militar que ya venía de dos fracasos desde 1966 y apoyó el sueño de Armando, quien en una ceremonia hecha el 25 de mayo de 1972 colocó en su presencia, la piedra fundamental del gran estadio. La obra sería financiada con series de rifas gigantes denominadas Cruzada de las Estrellas y Cruzada de Oro, más la venta de plateas en la nueva cancha.
El fin del Sueño
Algunos pesimistas hablaban de la imposibilidad de construir semejante mole en flojos terrenos recién ganados al río. Estábamos en 1972 y Armando todas las semanas iba contando a cuanto micrófono se le cruzara la cantidad de pilotes colocados alrededor de la isla 7 para continuar la obra. A nivel político la presión de Perón desde España y su fiel pueblo argentino forzaron a Lanusse a dar una salida democrática para 1973, levantando 18 años de proscripción al viejo líder. Entonces Armando, de antigua militancia peronista, abandonó su pasado y apoyó al candidato de Lanusse, otro milico que sacó muy pocos votos, Ezequiel Martinez. El triunfo aplastante fue del candidato puesto por Perón, el Dr. Cámpora, que gobernó sólo unos meses hasta que en otra elección, el Gral. Perón ahora sí llegaba otra vez a la presidencia. Los momentos políticos fueron agitadísimos. Se giró rápidamente de la izquierda de Cámpora a la derecha facista del peronismo con López Rega de genio dominante. El terrorismo ya había comenzado a tomar cada vez más coraje y jaqueba a los gobiernos, había inseguridad social y por primera vez luego de la muerte de Perón, se conoció la hiperinflación. Todo este cóctel más algún problema personal no resuelto entre Armando y López Rega, le firmaron el certificado de defunción al gran estadio, que para ese entonces apenas contaba con una tribunita de 30 metros y 8 escalones en el solar de la isla 7.
Algunos allegados cuentan que el 25 de mayo de 1975 fue un día muy traumático para Armando. Con el transcurso del tiempo la estructura de la Ciudad Deportiva fue decayendo jugándole muy en contra la costumbre ridícula de los gobernantes de hacer dificultoso el acceso a las zonas ribereñas, hecho notorio aún hoy en día en Buenos Aires, una ciudad de espaldas al río.
Falta de presupuesto y mantenimiento hicieron el proceso inverso rápidamente: yuyos, óxido, degradación y abandono. Armando lograría muy rápido en 1976 borrar sus penas cuando el equipo de fútbol del Toto Lorenzo le dio sus alegrías pendientes: bicampeonato con final victoriosa frente a River, dos Libertadores y la Intercontinental. Paralelamente ya con la Junta Militar de Videla en el poder se construyeron las autopistas y el material de las demoliciones se volcó al río en la zona aledaña a la Ciudad Deportiva, eliminando de esa manera el fabuloso balneario de la Costanera Sur y convirtiéndose en otro atentado al Río de La Plata. Con el tiempo esos cascotes darían lugar naturalmente a la formación de la hoy llamada Reserva Ecológica.
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En 1979 el intendente de facto Cacciatore, a pesar de que Boca Juniors había caído en incumplimiento, le amplió el plazo de ejecución de la obra y lo liberó de la obligación de construir el estadio. En 1978 visité las instalaciones decadentes de la Ciudad Deportiva y logré un permiso para ingresar a los terrenos del que iba a ser el estadio. El panorama era: una gran olla con la tribunita de 8 escalones por 30 metros, y el tétrico alrededor de yuyos muy altos tapando topadoras abandonadas y docenas de perros vagabundos.
Para 1982 Cacciatore dio por finalizadas las obras y le asignó a Boca la posesión definitiva. Se habían rellenado 60 hectáreas, 20 más de lo previsto.

OLYMPUS DIGITAL CAMERADurante la década del 80 se le alquiló la isla con la confitería a la Cámara de Comercio Argentino Soviética que instaló un centro de exposición permanente de productos exportados de URSS hacia Argentina.

Servicios
En la Ciudad Deportiva se desarrollaban diferentes actividades ligadas al deporte y la recreación, tenía varios servicios como duchas, pileta, canchas de fútbol y un bar o confitería con una cúpula característica, que en esa época fue una de las más modernas de Buenos Aires. También disponía de un parque de diversiones llamado “Parque Genovés”
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DistincionesLa Ciudad Deportiva de Boca Juniors recibió premios por su arquitectura de vanguardia. Se llegó a decir que era la continuación de Brasilia por sus lagos artificiales y puentes. Fue considerado uno de los complejos deportivos más modernos del mundo.
La Decadencia
En 1989, al inicio de la presidencia de Carlos Saúl Menem, el congreso nacional sancionó otra ley por la que le cambiaba al destino a estas tierras indicando que podía utilizarse como complejo balneario, náutico, turístico, hotelero, o comercial y que estaba habilitado para funcionar como centro habitacional. Asimismo permitió que el club deportivo pudiera vender los terrenos
Por la situación económica del país y de Boca Juniors en particular, por falta de presupuesto, el predio fue cayendo en total abandono.

El club vendió el predio a la sociedad Santa María del Plata en 1992 por un valor cercano a los 50 millones de dólares, y con el dinero Boca Juniors construyó otro complejo en el barrio de La Boca llamado Casa Amarilla.  En el año 1997 el grupo IRSA compró los terrenos.

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Parte de esos fondos, y la cesión de tierras adelaneas al estadio, en Casa Amarilla, Boca Juniors construyó un complejo deportivo en el barrio de La Boca con canchas de entrenamiento y años después un microestadio para los deportes techados, como el Voley y el Basquet, dos disciplinas donde fue gran animador durante varios años.

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Fuentes